Advertencia al Lector (fragmento)
Mi poesía puede perfectamente no conducir a ninguna parte:
«¡Las risas de este libro son falsas!», argumentarán mis detractores
«Sus lágrimas, ¡artificiales!»
«En vez de suspirar, en estas páginas se bosteza»
«Se patalea como un niño de pecho»
«El autor se da a entender a estornudos»
Conforme: os invito a quemar vuestras naves,
Como los fenicios pretendo formarme mi propio alfabeto.
«¿A qué molestar al público entonces?», se preguntarán los amigos
lectores:
«Si el propio autor empieza por desprestigiar sus escritos,
¡Qué podrá esperarse de ellos!».
Cuidado, yo no desprestigio nada
O, mejor dicho, yo exalto mi punto de vista,
Me vanaglorio de mis limitaciones
Pongo por las nubes mis creaciones.
Los pájaros de Aristófanes
Enterraban en sus propias cabezas
Los cadáveres de sus padres.
(Cada pájaro era un verdadero cementerio volante)
A mi modo de ver
Ha llegado la hora de modernizar esta ceremonia
¡Y yo entierro mis plumas en la cabeza de los señores lectores!
Nicanor Parra

David de los Reyes. Bogotá, Colombia. Diseñador Industrial en acto rabioso de apostasía del apellido. Se embadurnó de mercadeo, se negó a aprender modelado 3d, le asquean los tornillos, y considera que la ergonomía es el refugio de los mediocres, (a pesar de sus méritos como disciplina no proyectual). Estudia una maestría en gestión del desarrollo como coartada para indagar que diablos hace el diseño en un país que elije su historia soñando y la lleva a la práctica a tiros. Se interesa por la innovación desfetichizadamente, la estética descosmetizadamente, el desarrollo sin tener que pensar en subdesarrollo, la investigación cualitativa del comportamiento de las personas mediado por la cultura material, los procesos de creación y los cortocircuitos. Picapleitos intelectual, cobarde en los supermercados, las colas y la danza, kamikaze con sus pares. Maleduca a quien se deje, y malcría una generación que no tiene remedio, por fortuna.